La creatividad, ¿está en los genes?

No es extraño escuchar afirmaciones que relacionan la creatividad con la genética. Parecería que uno es más o menos creativo en función de la herencia recibida a través de los genes. Frases como esta persona tiene un don o uno es creativo o no lo es forman parte de un cierto imaginario colectivo relacionado con la habilidad de crear o innovar.

Hay muchas personas que renuncian a su capacidad creativa porque su cerebro ha fabricado excusas que justifican la ausencia de habilidades creativas en su actividad cotidiana. Yo no soy una persona creativa, dice mucha gente, pensando que la creatividad es algo que solamente está al alcance de unos pocos. Es realmente increíble la cantidad de personas que bloquean sus capacidades creativas naturales a través de creencias negativas que actúan como impedimentos, barreras o censuras.

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Hay que tener en cuenta que la creatividad, que puede definirse como la capacidad de generar ideas originales y que aporten valor en un determinado ámbito (ciencia, arte, dirección de empresas, gastronomía, etc.), es  una habilidad humana básica y que, por tanto, no tiene demasiado sentido negar su posesión.

Decir yo no soy creativo es tan exagerado como decir no soy inteligente o no tengo percepción o no tengo capacidad de aprendizaje. Los humanos somos creativos por naturaleza. Hacemos cosas creativas de forma
constante, a veces sin darnos cuenta: resolvemos pequeños problemas, inventamos frases nuevas que jamás ha pronunciado nadie antes, inventamos soluciones, etc. Las instituciones sociales (educación, familia, trabajo) a menudo impiden que desarrollemos toda la creatividad que llevamos dentro. Su obsesión por catalogarlo todo (a veces bajo el epígrafe de bueno/malo) muchas veces entra en conflicto con el potencial creativo de muchas personas, obligándolas a seguir un camino marcado  y a olvidar cualquier otra posibilidad.

Si un niño de cuatro años recibe  una reprimenda por dibujar una gallina de una manera diferente puede
ser que nunca vuelva a intentarlo, Joan Miró, el genial pintor catalán, decía que aspiraba a pintar como un niño… Hasta ahora ningún científico de prestigio ha podido afirmar o demostrar que la creatividad dependa  de la genética. De hecho, la prestigiosa investigadora de la facultad de medicina de Harvard, la Dra. Shelley Carson, afirma que el impacto de los genes en la creatividad humana no va más allá del diez o el quince por ciento.

Pero son muchos los expertos en creatividad e innovación que afirman de forma rotunda que las  competencias asociadas al hecho de ser creativo pueden  aprenderse y desarrollarse, pues en gran medida dependen de nuestros modelos y creencias mentales. Edward de Bono me dijo en una conversación: Franc, si no crees, no creas, toda una declaración de principios. Los más eminentes expertos en neurociencia repiten como un mantra que el cerebro es un órgano muy  receptivo, que se mueve y actúa en función de las creencias que a diario le suministramos. Si uno se repite constantemente yo no soy creativo, el cerebro actúa en consecuencia, y al revés. La plasticidad cerebral transforma cada día éste órgano rector de nuestra  inteligencia, creatividad y aprendizaje, entre otras muchas cosas.

Dicho de otra manera: tenemos el cerebro que queremos, más allá de algunas disposiciones básicas que, éstas si, son de carácter hereditario. La citada Shelley Carson, especialista en el estudio del cerebro creativo, afirma que hay siete estadios mentales asociados con la creatividad, que todos podemos potenciar y desarrollar:
conectar, razonar, visualizar, absorber, transformar, evaluar y fluir. El secreto está en desarrollar nuevas conexiones neuronales que pongan en contacto unos estadios con otros, que conecten entre si las diferentes zonas del cerebro que intervienen en los procesos creativos. La diferencia entre una persona normal y  Leonardo da Vinci o Steve Jobs no está tanto en los genes como en su forma de relacionar los distintos  factores que posibilitan las conductas creativas.

Entonces, ¿de qué depende ser creativo o no? Como mínimo de cinco factores esenciales:

  1. De nuestra motivación. Si queremos hacer algo y estamos muy motivados, ya encontraremos la forma de llevarlo a cabo. Los individuos creativos son personas  apasionadas, incluso sanamente obsesionadas por su trabajo. Es difícil que una persona creativa no esté interesada por lo que hace, normalmente sucede al revés.
  2. De nuestra capacidad para pensar de forma diferente, utilizando el pensamiento lateral, las provocaciones, el cuestionamiento. Existen diferentes metodologías que rompen las pautas retrospectivas (más de lo mismo) de nuestra mente y exploran caminos alternativos. Edward de Bono ha explicado hasta la saciedad distintos mecanismos que permiten que nuestra mente creativa pueda fluir con más libertad. Se trata de sustituir los mecanismos estrictamente lógicos y repetitivos de nuestro cerebro y cambiarlos por patrones más flexibles.
  3. De la habilidad para jugar de forma relajada con ideas y conceptos. Tenemos tendencia a trabajar siempre de la misma manera, hay que recuperar la capacidad para mezclar, hibridar, jugar, ser ingenuo. Los adultos hemos perdido la capacidad para interrelacionar conceptos aparentemente dispares, hemos convertido nuestra mente en un mecanismo cerrado, con compartimentos cerrados que apenas se comunican.
  4. De saber pensar en equipo, consiguiendo que la diversidad de los integrantes unida a sus habilidades emocionales (escuchar, empatizar) pueda arrojar resultados extraordinarios. Hemos mitificado en exceso al individuo creativo y olvidado que a menudo el actor principal de los descubrimientos creativos es el equipo. Un puñado de gente motivada y entrenada en métodos creativos grupales puede alcanzar logros innovadores de forma más rápida que una persona a solas.
  5. De un entorno (escuela, empresa) que facilite el ensayo y el error, que comprenda que para innovar a lo grande debemos equivocarnos bastantes veces sin temor a represalias. Fomentar una cultura que tolere el error es una de las premisas básicas para que la innovación se convierta en un hecho normal, sistemático y aceptado por todos.

Esta lista de factores no pretende ser exhaustiva. La creatividad humana es demasiado compleja para intentar explicarla con exactitud. Lo importante es olvidar estereotipos y perjuicios que impiden que los humanos podamos ser creativos y enterrar falsas limitaciones y complejos ridículos. Como dice Ken Robinson, si combinamos adecuadamente nuestras inteligencias predominantes y hacemos lo que realmente nos gusta podemos llegar a estar en la zona o en el elemento, un estadio casi permanente de creatividad que nos permite dar lo mejor de nosotros mismos. No es ninguna utopía, es sencillamente conseguir alinearnos con nuestros sueños y, con un poco de esfuerzo, convertirlos en realidades.

Cualquier biografía de personas creativas pone de manifiesto que para lograr el reconocimiento y el éxito no les quedó más remedio que luchar por lo que realmente querían ser y hacer, más allá de las convenciones sociales. Y es que, como dijo Buda, para darnos la mano con la eternidad tenemos que mirar en primer lugar en nuestro interior.

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